El 19 de
diciembre sabremos si las últimas encuestas son de las buenas o de las malas;
de las serias o las corruptas. Hasta ahora va en la delantera Boric -se supone-.
No me extrañaría que terminara de esa manera ¿Puede el orden y el crecimiento
ganar una elección a la promesa de lo gratis financiado por “los otros”? En Chile
al menos no lo creo, esa es la razón por la que no veo como JAK puede ganar al candidato
de los ofertones marxistas. El vandalismo ha disminuido, o al menos ha dejado
de ser noticia (los compañeros de la prensa seria hacen su aporte a la causa).
El virus, hasta el momento, está siendo controlado. Los empleos se recuperan rápidamente.
No se ve mucho drama a la vuelta de la esquina, es decir, no durante la tarde
de hoy, único tiempo futuro que el populacho bárbaro es capaz de analizar. El
clima del momento favorece a Boric, creo yo.
A pesar de mis
cuestionamientos al payaso del Joaco y la viejuja loca de la Evelyn, creo que
se han portado con corrección en el apoyo a JAK, especialmente Lavín. Tal vez
porque conocen la traición de cerca (el jefecito) han dado un paso adelante sin
mayores cuestionamientos, o al menos eso quiero pensar ¿Será tanta la maldad
que siempre ha de existir algo sucio detrás, incluso en estos desgraciados días
en que nos jugamos el futuro? Ya no se que pensar.
¿Qué hace
JAK en USA? ¿No tiene algo mas provechoso que hacer? ¿A quién le importan sus
reuniones con políticos de Gringolandia? Sigo sin entender ¿Su viaje es con
escala en Alabama? ¿O el residente en el estado del sur viajó a un encuentro
furtivo con el candidato del orden y el progreso? Si JAK está en Washington y Parisi
en Alabama, podrían juntarse a mitad de camino, tal vez en Carolina del Sur, a donde
yo debiera haberme ido hace tiempo.
A veces me
pregunto, ¿Por qué no nací en Carolina del Sur? O del Norte…, me da igual. Yo debí
haber sido gringo. Tal vez un vaquero de Wyoming u Oklahoma. Por ningún motivo
un aweonao playero de California ni un hípster de Nueva York, es como ir a USA
y no haber llegado nunca.
Siempre he
tenido admiración por tres países, o al menos por la imagen que ellos proyectan.
Uno de ellos es Suiza, tal vez el país más civilizado del mundo. Ese orden me
encanta. El trabajo bien hecho, todo sin aspavientos, donde las 4 de la tarde
no es “tipin 4”. Yo creo que esa mezcla de alemanes, franceses e italianos (del
norte, por supuesto) tempera el ambiente, controlando el gen totalitario de los
primeros, lo desagradable de los segundos y la informalidad de los terceros. El
paso de mi amigo Juan Calvino por Ginebra completó un orden y funcionamiento jamás
igualado ¿Alguien conoce salvajismos periódicos en Suiza? No, ¿verdad?
El otro es
el Reino Unido, cuna de la civilización moderna ¿Cómo no va a ser diferente poder
decir con orgullo ser súbdito de su majestad, a ocultar con vergüenza ser ciudadano
empoderado de la Republica Incendiaria de Barbarilandia? Si algún día viajo,
utilizaré mi pasaporte de la Unión Europea, no quiero que un guardia negro de
dos metros apostado en el aeropuerto de Greenville-Spartanburg, en Carolina del
Sur, me mire con desconfianza y me encierre en un cuarto oscuro hasta revisar mis
antecedentes con justificada sospecha. Ser súbdito de su majestad es otra cosa.
Inglaterra es civilizatoria, Chile es Inés Suarez intentado que Michimalonco no
le queme Santiago. A veces es necesario ver cabezas rodar.
El tercero
es, obviamente, mi querido USA. Hollywood caló hondo en mi infancia. Creo que
conozco la historia de ese gran país más que la mayoría de los norteamericanos.
Un país que declara su independencia protestando por un alza de impuestos, es
un gran país, sin duda ¡No nos den, solo dejen de robarnos! ¿Por qué no fui norteamericano
de los buenos? Es lo que hay…
El Congreso Continental;
la maravillosa declaración de independencia; la extraordinaria constitución y
sus primeras enmiendas; esos sabios padres fundadores; la conquista del oeste;
la expedición de Lewis y Clark; la conquista de oeste; el camino a Oregón y la
ruta a California.
Imagino a los
literarios pueblos costeros de Nueva Inglaterra que huelen a neblina y mar, y
un fantasma en la buhardilla de la centenaria casa familiar. Un suculento
pastel de manzanas horneado por la abuela Abigail, reposando en la ventana de
su casa de madera escondida en algún lugar perdido de la Alabama profunda. Algún
día probaré uno de esos ¿Existe aun la Ruta 66 y sus recónditos pueblos perdidos en medio del desierto, con bolas de matorrales secos girando hasta el infinito,
y gasolineras derruidas habitadas por un solitario y viejo carcamal de camisa a
cuadros, mameluco de mezclilla y sombrero vaquero durmiendo en su vieja hamaca,
con su Marlín 1895 reposando a su lado, mientras que con su mano sostiene una
pipa de madera y tabaco de la Carolinas, a la espera una visita que nunca
llegará?
Recordar un pasado
glorioso creado por hombres que soñaron con la libertad y un mundo mejor, mientras
viven el próspero presente de un país con futuro leyendo a Mark Twain y sus
aventuras en el Misisipi en idioma materno, es claramente superior a catorce
años encerrado en un colegio chileno, con un ignorante profesor chileno repitiendo
los contenidos del Ministerio de Educación chileno ¡Que basura mas grande! ¿Por
qué creamos este país, si existen tantos buenos ejemplos a seguir?