Los no-mapuches que provocaron el incendio del verano pasado
donde murieron calcinados siete brigadistas, nunca aparecieron. El tipo que
apresaron baleado de escopeta deambulando en medio de la noche el día que
calcinaron al matrimonio Luchsinger, y que apareció sin esposas en el tribunal,
no habla, no está ni ahí con el asunto, y les apuesto plata a que no lo
condenarán. Berkhoff, el personaje que fue sindicado por el ministro
arrepentido como el más terrible forajido de la justicia, se volvió a fugar.
Niemeyer, el acusado de poner bombas que por supuesto no puso ninguna ya que en
Chile no existe el terrorismo, también anda desaparecido.
Al que pillaron con la velocidad de un rayo, fue al presunto
homicida del sindicalista que murió de una bala loca. Nadie sabía de donde
salió la bala, ni quien disparó, ni la razón de ello, pero en un abrir y cerrar
de ojos atraparon al tipo. Lo encontraron de la nada. Cuando se quiere, se
puede. ¿O no?.
Un sindicalista muerto de un balazo en plena huelga, no es
precisamente lo que el gobierno de excelencia 24/7 quiere tener en su pedigrí. No
sea cosa que a alguien se le ocurra recordar aquellos oscuros años de la
dictadura más horripilante de la historia de la humanidad desde el cretácico
hasta el día de hoy. Con las palabras de la historiadora Patricia Arancibia es
suficiente. Piñera aun anda de carreras para el baño.
El único problema con el presunto asesino del sindicalista,
fue que al parecer es un cabro de 16 años más piruja que un barrista de Colo
Colo sin afeitar. La gracia hubiera sido pillar un complot entre la empresa, un
ex miembro de la CNI, la CIA, y todo esto coordinado por unos correos
encriptadas desde Punta Peuco. Pero como no todo en la vida resulta como se
quiere, al parecer tendrán que conformarse con encarcelar a un poblador por
matar a otro poblador. Eso no da ni para gastar tinta.
Dicen las malas lenguas que Berkhoff se viró para la
cordillera de Nahuelbuta. ¿No era por ahí que tenía su guarida el Comandante
Pepe?. Tal vez el forajido quiso peregrinar hacia La Meca tratando de que el
espíritu de Liendo lo ilumine. Quizá la sangre tira y la historia se repite por
algo así como un karma. O en una de esas son los 40 años de que hablaba Álvaro
Bardón.






