A veces pienso que soy demasiado crítico con los políticos
de derecha que viven dándole el gusto a la gallada para poder ganar una elección
en lugar de perderla, si ni yo mismo practico lo que predico. Después de todo,
siempre será mejor ganar. Bueno, casi siempre.
Yo en la casa hago lo mismo que los políticos de derecha, trato
dentro de lo posible y a veces dentro de lo imposible de acatar en todo a la
patrona, quien vendría a ser algo así como “la calle”, la que se supone que no manda
aunque siempre se termina haciendo lo que ella dice que se haga. Incluso, le
digo que podemos hacer todo como ella quiera, aun convencido de que mis ideas
son las mejores, aunque no las más populares. ¿Vamos a tal parte? –me dice-. ¡Como
tú digas! –le contesto-. ¿Y saben lo que pasa?. Igual se enoja. ¿Quién la
entiende?. Pienso que ni ella misma se entiende.
La jefa de este humilde y dictatorial hogar me dice que yo
tengo que tomar decisiones, aunque a ella no le gusten esas decisiones; y
dentro de lo posible y lo imposible, que de preferencia tome las decisiones que
a ella le gustan, pero que las tome yo, es decir, que adivine. Probablemente
corresponde a algún tipo de rasgo atávico de la época de Maricastaña del que aún
no es capaz de deshacerse, donde el macho alfa hacía y deshacía, y la mujer le aplaudía
sus desvaríos. Eran otros tiempos. Yo, ni hago ni deshago, ni me aplauden ninguna
cosa. Debe ser por la modernidad, las teleserie nocturnas, el feminismo y todas
esas leseras que no sé quién inventó.
Cada vez que trato de darle en el gusto para poder ganar en
lugar de perder, me sale el tiro por la culata. El problema es que si no le doy
en el gusto, también me sale el tiro por ahí mismo; es como que se me empieza a
revelar. Eso me pasa por no haber defendido mis ideas por tanto tiempo en pos
de la “paz social”. Ahora ni hay ideas, ni paz social.
Ya estoy advertido, este verano se va a tomar tres semanas
de vacaciones. ¡Tres!. ¡Y todas juntas!. ¿Se imaginan lo que es eso?. También
me insinuó que quiere ir al sur, hasta Chiloé, desde ahí pretende tomar un camino
que lleva a no sé dónde, y de ahí una lancha que va a una isla perdida
entremedio de la nada, y una vez en la isla hay que ir caminando a la punta del
cerro de la famosa isla. ¿?.
Pensé por un momento en decirle “si mi amor”, aunque recapacité
a tiempo y decidí que tal vez esta era la ocasión para demostrar qué tan macho
puedo llegar a ser. ¡No!, eso queda muy lejos. ¿Qué pasa si le sucede algo al
cabro chico en una isla perdida llena de indios?. ¿No te gusta Viña mejor?. O
podemos ir otra vez a Olmué, y así yo aprovecho a juntarme a conversar con
Hunter. No había terminado de imponerme por presencia, cuando comprendo que había
apostado todo mi capital político en una decisión arriesgada e impopular. Por
un momento pensé que me armaría una barricada en la cocina. ¡Y cuál fue mi
sorpresa!, cuando me dice que no está de acuerdo pero que si no me parece no
vamos tan lejos.
¡¿Ven que se puede?!. Par mí y para la derecha aún no está
todo perdido, solo hay que promover nuestras ideas sin flaquear, las que por
supuesto son comprobadamente las mejores, y tratar de interpretar los gritos de
“la calle” y en mi caso de la patrona, aunque no hacerles caso y buscar una
salida alternativa. Todo sea por mantener la “paz social” y la hogareña y así
evitar vivir el comunismo y enterrarme tres semanas en el fin del mundo. ¡Vamos
que se puede!.






