El Contralor General de la República Bananera de
Barbarilandia se mandó la frase del año, miren el titular del pasquín La
Segunda: “Hay un montón de cosas muy estúpidas”, y bajo esta noticia aparece un
sesudo razonamiento de Lagos jr., el “bailaor”: “Este presupuesto debe ser una
marca de identidad”. Tiene razón el contralor, hay un montón de cosas muy estúpidas
en Barbarilandia.
Solo he visto el titular, donde se mencionan entre otras
cosas estúpidas, el espíritu de las reformas emprendidas por la Claudia y su jauría
de estúpidos; los nombramientos en cargos públicos de “los hijos de”, a lo que
le agrego por mi cuenta: las señoras de, los parientes de, los amigotes de, los
tapados de, los palos blancos de, los secuaces de, los Luca Brasi de, las amantes
de, los paniaguados de y la interminable serie de fulanos de. Luego veré que más
dice.
No es de extrañar que Barbarilandia se haya convertido en
una República Bananera Estúpida, si lo único que importa es el griterío de la
calle, los balbuceos de pobladores semi analfabetos, los delirios de fanáticos incultos
ungidos de honorabilidad, los sueños de iluminados a medio morir saltando, el
voluntarismo irracional de curas rojos más preocupados del paraíso terrenal que
del otro, y hordas de populacho bárbaro votando por el delincuente con corbata
que ofrece el mejor botín de guerra a repartir entre la poblada. El resultado
de todo este cumulo de ideas geniales, revolucionarias y cambiadoras de mundo,
no puede ser más que una soberana estupidez. Chanchos alimentados con perlas.
Mientras el Contralor habla nadie escucha. La Claudia y el
Arenas nos anuncian una avalancha de gasto público que ira directo a la basura,
incluyendo un endeudamiento de 8.000 millones de dólares, dinero que no va a
reactivar nada porque nada puede reactivar si los empresarios chicos y grandes
saben que las condiciones para trabajar serán cada día peores. La gente no
necesita plata para invertir, necesita buenas expectativas, las que el gobierno
de la Nueva Alcantarilla no puede entregar a nadie, ni ahora ni nunca más, precisamente
porque en Chile “hay un montón de cosas estúpidas”, partiendo por quienes nos
gobiernan a punta de estupideces.






