Gran revelación: El 50% de quienes están en la cárcel, pasaron por el
Sename.
El Sename es entonces, una especie de universidad estatal, pública,
gratuita, de calidad y sin fines de lucro. Y sus “alumnos”, o al menos quienes
viven para contarlo, tienen un 50% de empleabilidad, nada de malo en estos
tiempos tan complicados para encontrar pega. http://www.emol.com/noticias/Nacional/2016/07/27/814496/Fundacion-San-Carlos-de-Maipo-El-50-de-quienes-han-estado-en-centros-penitenciarios-han-pasado-por-el-Sename.html
Nadie se hace responsable de esto porque es el estado el responsable, y
como el estado somos todos y no es nadie al mismo tiempo, nadie responde.
¿Qué estúpido pretende entregar sus ahorros previsionales a los mismo
elementos que manejan el Sename?. Probablemente un fulano que no tiene ahorros
y por lo tanto nada que perder. O un fulano que trabaja para el gobierno, que
es operador de algún partido político y le pagan para fomentar esta locura. O
un escribidor de papers que recibe un encargo determinado, esta vez, escribir
sobre las AFP.
Nadie en su sano juicio dejaría su dinero, su familia, su empresa o su
mascota a cargo del estado y los sinvergüenzas que lo mal administran. ¿
¿Qué es el estado?: El estado es el Sename, la Conadi, el Transantiago, los
falsos pobres, los falsos exiliados, los falsos retornados, los falsos
torturados, los falsos desaparecidos, los empleos que disimulan el desempleo,
los presupuestos que no calzan, las licitaciones truchas, los aportes basales,
los concursos públicos con nombre y apellido, los sobres con dinero, las ventas
a futuro de Codelco. El estado es el ogro malo que le roba a la gente que pide más
y más estado. El estado son las personas que lo toman por asalto para controlar
el poder, la justicia, el poder de las armas y los funcionarios públicos que
controlan nuestras vidas, nuestra libertad y nuestro dinero con un timbre de
goma que todo lo puede.
Al estado no le importa el Sename mas allá de los negocio que sus
controladores pueden hacer con esa repartición pública (buen nombre, “repartición”
pública), ni le importa el destino de los pobres desgraciados que terminaron arruinándose
en ese lugar.
No existe voluntad, dinero, ni interés para salvar a algunos de esos pobres
cabros. Para robar sobra voluntad e interés, y el dinero de alguna forma
siempre logra alcanzar.


