El verdadero
peligro de la convención no estaba en el dinosaurio azul, la tía Pikachu o el
Rojas Vade, mucha gente entiende que son gentuza de lo peor; el verdadero problema
de la televisión lava cerebros no está en los programas de farándula, casi todo
el mundo sabe que es farándula; y el verdadero peligro del gobierno no está en
la loquilla de la Chistes, el pililo embajador en España o la vociferante dama que
las oficia de embajadora en Argentina, supongo que la mayoría los califica por
lo que son.
El peligro
está siempre en aquellos personajes que, haciendo uso y abuso de supuestas
virtudes inexistentes, nos venden la pomada china, el tónico para el
crecimiento del pelo, la flamante buena nueva del momento.
Toda esta gentuza
se esconde detrás de títulos universitarios, antepasados muertos en combate
(ellos dicen que no fue en combate) y, los peores de todos, se vanaglorian de
un falso buenismo con el que disfrazan su fanatismo. El “bueno” de Bendito Baranda
en la convención, que ha elevado la pobreza al rango de la santidad; el “académico”
ministro Grau en el gobierno, quien va por la vida anunciando las nuevas
maneras de entender la economía; Camila, la “luchadora social”, esa comunista
que para la gran masa populachera no es comunista ya que es joven (¿han
escuchado tamaña estupidez?); o periodistas como Matamala, Rincón y Paulsen,
miembros de una interminable lista de activistas políticos disfrazados de
profesionales de la información, que ejercen su compromiso con la verdad en un supuestamente
serio e imparcial noticiero.
El verdadero
peligro está en la confianza. El verdadero peligro está en la ingenuidad e ilusión
del pobre fulano que no se atreve a contradecir las opiniones del “experto” de
turno con tal de no quedar como un ignorante, y sin embargo queda como un ignorante
precisamente al no atreverse a cuestionar algo que con el más mínimo sentido
comun podemos comprender su falsedad.
Es la tiranía
de los supuestos expertos y los supuestos buenos que solo hacen su negocio. Son
los escribidores de papers de toda la vida, los que regando papeles con ríos de
tinta nos explican lo inexplicable mientras el populacho bárbaro escucha y observa.
Que habla
bonito este caballero, ¿verdad? Se nota que sabe harto.






