La víbora de
la Corina, a quien siempre he considerado una basura impresentable, tal como al
arrastrado de Guaidó y el resto de la supuesta oposición venezolana que en mi opinión
ha traicionado a su país, ya que, o trabajan para el régimen, o trabajan para
la CIA, o para ambos si fuese necesario, peregrinó a Washington para besar el
maldito trasero del tío Donald.
Eligió entregarle
como ofrenda el basureado y desprestigiado premio Nobel de la Paz que le fue asignado
por solicitar reiteradamente el bombardeo y ocupación de su país, y su
posterior colonización, con el solo fin de ser considerada apta para regentar
el latrocinio venezolano.
El tío
Donald -como no- participó gozoso en esta orgia de banalidad, recibiendo presuroso el premio
de consuelo que en algo pudo calmar su capricho narcisista de ser el mejor
presidente de todos los tiempos, luego de la negativa de la organización de entregárselo
por su gentil apoyo al genocidio en Gaza, premio al que fue propuesto por el mismísimo
genocida Netanyahu; aunque no terminó con las manos vacías luego de recibir el
premio de la paz que le otorgó la Fifa, situación que tuve que revisar varias
veces para confirmar que era verdad, a pesar de mi asombro.
No sé si su postulación
al premio Nobel de la Paz y el trofeo otorgado por la Fifa también consideraron
el derrocamiento del dictadorzuelo sirio Bashar al-Ásad, y su reemplazo por al
terrorista y genocida Abu Mahammed al Golani, líder de las milicias de Al Qaeda
en el país, vinculado también con el Estado Islámico, y por quien el mismo USA ofrecía
US10 millones por su cabeza antes de ser exhibido como un gran demócrata de toda
la vida.
La Corina y
el Zanahorio no quieren ser menos que Obama, quien fue galardonado
preventivamente con el mismo premio y el billete que lo acompaña solo por ser
negro, para luego bombardear siete países.
El nivel de ridículo,
vileza, absurdo, frivolidad y miseria al que hemos llegado no tiene límites, y nadie
se esmera por disimularlo.






