El populacho
bárbaro abandona a JAK por no solucionar en un par de meses y sin costo para
nadie, los innumerables problemas que se han acumulado durante décadas, producto
de la persecución de fantasías irracionales. Para algunos, debió expulsar a varios
cientos de miles de extranjeros; para otros, ya debiéramos estar rebosando en
muy buenos trabajos y un cerro de billetes; otros quisieran indultos expresos para
los presos políticos militares; supongo que también se espera la construcción de
un par de docenas de cárceles de un día para otro, donde colocar a miles y
miles de patos malos. Lo que pasa es que el populacho es bárbaro, y con
bárbaros no se puede nomás.
Las medidas económicas
suelen demorar su aplicación y, por lo tanto, sus efectos no son visibles de un
día para otro. Los inversionistas le creen a JAK, sin duda, sin embargo, no le
creen al populacho bárbaro, que puede elegir nuevamente a los ladrones y atorrantes
que suelen preferir para ser gobernados a punta de promesas y eslóganes especialmente
diseñados para imbéciles.
Si dejamos
de lado por un momento los desequilibrados deseos de la muchedumbre sobre la
expulsión de ingentes masas humanas y la encarcelación de otros tantos, y nos
centramos en las decisiones de los inversionistas que aún mantienen dinero en
Chile y el deseo de invertir, debemos entender que tontos no son, y esperan sin
duda que la jauría de chacales comandada por la Claudia y el Merluzo comiencen
prontamente el manoseo mental de la horda de subnormales que los siguen.
El
inversionista no solo debe confrontar a un estado burocrático que pareciera
tener como objetivo primordial hacer la vida imposible a cada persona que
pretende trabajar e invertir, y plazos políticos de tan solo cuatro años entre
gobierno y gobierno, y con suerte cuatro años, ya que en cualquier momento el
populacho bárbaro puede apoyar mediante chillidos destemplados, barricadas y un
concierto de ollas chamuscadas, otro golpe de estado, otra constitución
comunista y otro gobierno de zánganos, atorrantes y vividores dedicados al robo
masivo y organizado.
Como los
inversionistas -y no solo ellos- saben, todos los demagogos de todos los
tiempos han utilizado el resentimiento y la envidia como motor político, así
obtienen apoyo de las masas subnormales que les otorgan ese poder y el dinero
robado que buscan.
Se trata de
fomentar el inconformismo constante entre la muchedumbre, a la que se ofrece el
oro y el moro a través de la invención de supuestos derechos sociales y un
futuro luminoso, el que -por supuesto- solo será posible si eliminamos a los
inversionistas que necesitamos para que ese futuro que, si bien no será
luminoso, sea posible, real y provechoso para quien pretenda vivir una vida
ordenada y de trabajo lejos de la fantasía que le vende gentuza sin escrúpulos.
Una contradicción vital.
El populacho
bárbaro que hoy pide a JAK soluciones instantáneas, delirantes e imposibles, es
un individuo desarraigado, alimentado con quimeras descabelladas, que lo llevan
a soñar con aspiraciones desorbitadas que, por ser imposibles de concretar,
crean la rabia, la envidia y el resentimiento que utilizan los demagogos para
subvertir a la muchedumbre que previamente encolerizaron.
Así las
cosas, JAK no tiene demasiado que hacer, si por un lado los energúmenos y
demagogos de extrema izquierda prometen un mundo imposible de conseguir y, por
el otro lado, los energúmenos y demagogos de extrema derecha prometen otro
mundo imposible y más encima opuesto al primero.
Solo queda
esperar que las medidas económicas comiencen a dar frutos, no se cuánto, no sé en
que plazo, pero es lo que hay. Y como JAK no es tonto, supongo que busca lo
único posible, sembrar hoy para cosechar dentro de dos años, en vísperas de las
elecciones presidenciales. Solo eso puede evitar que la muchedumbre subnormal vote
una vez más a los atorrantes con los que tanto se identifican. No hay otra…






