Los compañeros de la prensa seria continúan afanosamente en
busca de socavones, charcos, olas gigantescas, cráteres, derrumbes de cerros, marejadas
descomunales, autos cubiertos por las aguas y todo tipo de noticias que estremezcan
e intimiden al populacho bárbaro.
La verdad sea dicha, he visto poco y nada de la transmisión
24/7 del diluvio universal, aunque es inevitable enterarnos de las novedades
del año para los regalones. Los canales de televisión se han convertido (bueno,
siempre lo han sido) en una especie de Arca de Noé farandulera a salvo de las
lluvias y repleta de bestias de todo tipo, que nos muestran el fin del mundo
entre las tandas comerciales.
Al parecer, en la región de Coquimbo el daño ha sido
grande, o al menos eso es lo que nos muestra la televisión ¿Esta calamidad sucederá
en sectores puntuales o en gran parte de la región? No lo sé, y ustedes tampoco
lo saben ni lo sabrán nunca ¿Cómo es posible esto? Pues porque la televisión exagera,
desinforma, manipula, transformando todo en un escandalo descomunal, repleto de
señoras llorando, niñitos mojados y gatitos abandonados en medio de la lluvia ¿Qué
es verdad y qué no lo es en esta época de la desinformación, lo políticamente
correcto, la desvergüenza y la inteligencia artificial? Es muy difícil o casi
imposible saberlo.
Diversos estudios neurológicos aseguran que la especie
humana ha sufrido un deterioro cognitivo en los últimos años, especialmente
entre los más jóvenes. Aparentemente debido al mal uso de redes sociales que
rostizan cerebros mal entrenados de vagonetas intelectuales que han renunciado
a la cada vez más desprestigiada práctica de pensar y discernir.
La tesis indica que hemos delegado esas facultades en la
tecnología, la que ha dejado de ser una ayuda para nuestras tareas diarias,
como lo fueron la rueda, la imprenta, la máquina a vapor y demás avances
tecnológicos en tiempos pasados, para transformarse en parte de nuestro cuerpo,
o en una extensión de él.
Los transhumanistas de las grandes empresas tecnológicas,
ese grupo de psicópatas que pretenden transformar la humanidad dando paso a una
suerte de nueva especie tipo “Robocop”, están esmerados en prepararnos un
futuro distópico y aberrante, con la gentil colaboración de los señores
políticos que legislan a su favor, entregándoles graciosamente toda la
información del mundo mundial que alimenta sus centros de datos, ese bestial
engendro distópico, que como ya hemos explicado aquí en varias ocasiones es
transversal, colocando como ejemplo la visita de Peter Thiel a moros y
cristianos nacionales, incluyendo a la supuesta derechita valiente, patriotera
y hocicona.
El deterioro cognitivo que el uso indiscriminado de la
tecnología nos está provocando, fulminando nuestra capacidad de concentración,
sumado a la manipulación cada vez más descarada de la realidad que los tontos
útiles aceptan en nombre de una supuesta libertad individual a la que en
realidad renuncian día a día, se verán multiplicados exponencialmente con el
uso y abuso de la inteligencia artificial, la que por supuesto no debe
desarrollarse demasiado para reemplazar la ya menesterosa inteligencia de la
chusma.
El teléfono pensará por nosotros, o al menos por quienes
decidan aceptarlo. Las verdades oficiales serán las nuevas tablas de la ley
para imbéciles, que suplantarán los juicios críticos y discernimientos morales
de seres humanos cada vez menos humanos, y que a cambio de la entrega de su
humanidad y libertad desfrutarán de una miserable renta básica universal que
los señores políticos depositarán en su billetera digital, y que les obligarán
a gastar en tiempo y forma en lo que se les ordene, ante la amenaza de
quitarles beneficios sociales cada vez que no acaten las órdenes de la máquina
que tienen en el bolsillo.
Así las cosas, los gobiernos y sus esbirros de la prensa
seria nos podrán decir que nos estamos inundando en pleno verano, nos estamos
achicharrando en pleno invierno, o lo que a ellos les dé la gana si así logran
controlarnos a su antojo.






