No conformes
con apalearlos, intentar quemarlos vivos, secuestrarlos en las aulas y
lanzarlos por las ventanas, los alumnos han comenzado a acuchillar profesores.
Una inspectora, creo, fue apuñalada de muerte en Calama, y esto al parecer recién
comienza. Seguramente estas costumbres criminales son culpa del lucro, el
copago, el cambio climático y Pinochet. El apoyo de profesores y apoderados a
las organizaciones criminales que controlan muchos colegios nada tiene que ver
en el asunto. Y el que no se lo crea, es un facho.
Para
combatir esta escalada de violencia escolar (y da lo mismo el gobierno que lo
haya presentado), se propone un plan maestro multidisciplinario, cosmológico, inclusivo
resiliente y estructural denominado “Escuelas protegidas”, el que, por supuesto,
me niego rotundamente a leer. Tal vez está inspirado en el cambio de nombre del
Sename a “Niñez Feliz”, por lo cursi y frívolo, digo yo
Las cárceles
podrían ser reformuladas dentro de un programa denominado “Techo y Comida para
un Hermano”; y las criminales listas de espera en los hospitales debieran
denominarse desde hoy mismo “Proceso de Solución Interdisciplinario para
Personas en Situación de Enfermedad”. No es tan difícil lograr ser un país
desarrollado, ¿verdad cabros?
Podrán
colocar detectores de metales en puertas y ventanas de los colegios; podrán instalar
celdas de reclusión momentánea en los establecimientos; podrán engrillar a los
alumnos a sus asientos y estos enterrados en el piso. Nada de eso servirá si muchísimos
colegios siguen siendo centros de adoctrinamiento de curas rojos y políticos de
todos los colores, que difunden materias inútiles, historias falsas y sesgadas,
y lavan el cerebro de cabritos ignorantes con las más aberrantes y odiosas ideologías
sexuales, climáticas, y de derechos al por mayor.
Si colegios,
institutos y universidades continúan siendo cunas perversas de fanáticos,
odiadores, revolucionarios y exigidores de derechos, pueden esperar todo tipo
de aberraciones dentro de esos recintos y fuera de ellos ¿O acaso los
profesores, políticos, periodistas y el populacho bárbaro no apoyaron las
tomas, incendios, destrucciones callejeras y todo tipo de ordinarieces y crimines
con una entusiasta complicidad?
¿Y de qué se
extrañan ahora entonces?







