Nos
acostumbraron durante la inmunda regencia merluciana, a dar por aceptable e
incluso revolucionario las conductas aberrantes, los actos barbáricos justificados
con entusiasmo y los robos de todo lo que está al alcance de la mano e incluso
más allá. Todo esto respaldo en al menos tres premisas intocables para la gente
normal, que a riesgo de ser envestidos por la horda descerebrada.
El derecho a
elegir; la relatividad de lo bueno y lo malo; y una especie de resarcimiento económico
decidido unilateralmente luego de tantos años de neoliberalismo explotador de
las pobres almas castas y puras de toda la bazofia nacional. Robar es justo si
se esgrimen las razones adecuadas.
Pareciera
ser que el entramado legal que los mismos ladrones crean los protege de cualquier
tipo de represalia. Pareciera ser también que a nadie en realidad le importa
combatir este tipo de delitos e incivilidades (otra cosa es que grupos de energúmenos
prometan barrer con todo mal que nos aqueja si los eligen para hacerlo,
conociendo que no resultarán electos) y, por lo mismo, se da carta blanca a los
malhechores que actúan a sus anchas y sin riesgo real de ser sancionados.
Conocemos, además,
que el Estado de Chile financia todo tipo de ONGs, fundaciones, corporaciones,
agrupaciones, colectivos y demas guaridas de gentuza impresentable, todos ellos
empeñados en destruir el país que los mantiene, y muchas veces sino casi todas,
a sueldo de intereses extranjeros.
El
latrocinio descontrolado no se queda ahí. Empresas del estado, como Codelco (y
no solo) son botines de mafias organizadas; se acepta sin tapujos los
multimillonarios fraudes con licencias medicas fraudulentas; se entrega todo
tipo de “beneficios sociales” desde los mas encomiables hasta los mas desvergonzados;
se crean cotos de caza para amigotes, parentela y compañeros de ruta, como el
Consejo de Monumentos Nacionales, que mantiene medio país paralizado con tal de
hacer su negociado; sume a esto universidades, centros de investigación, análisis
y conventilleos regentados por escribidores de papers de poca monta y aun más
poca vergüenza. Para que seguir…
Todo esto se
acepta, tolera, impulsa y se multiplica como Jesús multiplicó panes y peces
para la ocasión, aunque con una finalidad completamente distinta, delictiva y
muchas veces totalitaria, ya que el control de la población por medio del miedo,
la desinformación, la propaganda, y la complicidad de miles y miles de miembros
de estas bandas criminales, es condición necesaria para continuar con el desvalijamiento
nacional sin temor a ser atrapados, procesados y condenados a pagar penal y
civilmente el latrocinio al que se vuelcan con entusiasmo cada maldito día de
sus infectas vidas.






