En los últimos
días se han multiplicado las noticias sobre personas secuestradas. Una mujer en
Estacion Central, un hombre en San Miguel, y no parece ser todo ¿En cuantas
ocasiones esto no llega a la prensa y en cuentas se “resuelve” sin la policía? Los
criminales solicitan rescate para liberar a las víctimas de secuestro,
obviamente.
Atrás quedaron
los lanzazos en lugares concurridos, en que algunos ladronzuelos de poca monta
se quedaban con la cadena, los aros y la cartera de una pobre vieja. Recuerdo
las carreras en pleno centro. Una lanza, o mas bien un “a chorro” arrancando a
la velocidad de la luz perseguido no tan de cerca por un par de carabineros con
una guata mas grande que la mía ¡Que tiempos aquellos!
Hoy el nivel
de especialización del lumpen es abismante. Secuestradores, narcotraficantes, cortadores
de cabezas, expertos en encerronas y portonazos, sicarios, pistoleros que
acribillan a sus victimas desde motos en marcha, y demás avances delictuales.
Ni hablar de
los terroristas del sur, los controladores de fundaciones y corporaciones sin
fines de lucro devenidas en con fines de robo, y sus cómplices políticos que las
abastecen de dinero de los contribuyentes.
Chile
pareciera haberse convertido en una gran organización criminal con miembros que
ya no roban para subsistir, para malvivir, para “salvarse”. Hoy todo es en grande.
Miles de millones danzan en cada caso de corrupción, cifras similares o
superiores debe mover cada cargamento de droga, y los delincuentes ya no se conforman
con la cartera o la cadena de la vieja, ahora se la llevan completa y con surte
la devuelven entera.
Al parecer a
las autoridades no les interesa demasiado. Ojalá que a las actuales les dé,
aunque sea, un poco de vergüenza y compasión por todos nosotros. Por mientras,
a guardarse temprano y a caminar con cuidado cuando salgan a comprar el pan.

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