Los que aún no se arrepienten por lo que sea que se tengan
que arrepentir, favor hacerlo de inmediato, o al menos hasta el día “11”,
inclusive. Y claro, con solicitud de perdón incluido. Recordemos que el
ministro primo arrepentido, se arrepintió casi cuatro décadas después de los
hechos, y unas pocas horas antes de la exhibición del documental “Pinochet”.
Casi casi se le pasa la hora, pero lo logró a tiempo. Se aceptan declaraciones
de prensa, columnas en el diario, declaraciones juradas simples y notariales,
libros de memorias, genuflexiones, y caminar con los codos a la tumba de
Allende. Pero que sea rápido!!.
Como este asunto del perdón está tan de moda, quise hacer
una prueba. Miré compungido a la patrona –ama y señora de este humilde hogar-,
y le pedí perdón por lo que he hecho, por lo que no hice, por lo que hice a
medias, por lo que le he dicho, por lo que he callado, por lo que no sabía que había
que hacer, por lo que pude hacer mejor, he incluso inventé una nueva clase de perdón,
le solicite que me perdonara por lo que pueda hacer en el futuro (o lo que no
haga), ya sea en pleno uso de mis facultades, o en contra de mi voluntad.
La jefa me enterró su mirada como un cuchillo caliente en un
pan de mantequilla; me dijo que pobre de mí si se enteraba de algo que haga o
que no haga, y me advirtió que de seguir así, me corta el cable y el Internet. Como
ven, uno no saca nada con arrepentirse y pedir perdón, y menos de algo que no
ha hecho, porque nadie le cree; y mejor no sigo con el tema o este será el último
blog que pueda escribir.
Escucho a Ricardo Lagos asegurando que no se debe pedir perdón
por el gobierno de la U.P., aunque al mismo tiempo él y su sector exigen que el
resto se arrodille ante ellos, y comprendo mejor que nunca que el “11” fue
necesario, inevitable, y un día de gloria para nuestro país y cada uno de
nosotros.
Yo no me arrepiento ni pido perdón por ser partidario del “11”,
y del grupo de personas que nos salvaron de ser esclavos del marxismo. ¿Y?.






