Obviamente
no escuché la cuenta pública del presidente. No escuché las anteriores y no
tengo pensado escuchar las futuras. Las al parecer más de dos horas de discurso
pudieron reducirse a 20 segundos: “Irán a prisión todos aquellos delincuentes
que utilicen la política para robar”. Con eso bastaba. No sucederá.
Los compañeros
de la prensa seria, siempre dispuestos a destacar las frases celebres y
cooperar en el miserable proceso de hacer papilla el cerebro del populacho bárbaro,
destacan una lista negra de vándalos. También me informo sobre una comisión que
logrará aumentar la natalidad. Nada se menciona, al menos hasta el momento en
que escribo esta entrada, sobre las medidas destinadas a aumentar el nivel de
felicidad entre la población, o un registro nacional de buenas ideas en el que
cada machucao o machucá podrá ingresar la suya mediante el uso de clave única.
Recuerdo que
Joaquín Lavín, quien en aquella época regentaba el Ministerio de Desarrollo
Social de su amo Sebastián mientras preparaba su enésima postulación presidencial,
creó una especie de recetario nacional. La idea consistía en que una “familia
vulnerable” de cuatro personas almorzara por dos lucas. Las críticas, burlas y sonrisas
socarronas no se hicieron esperar. Digamos que fue el genial intento de crear
un menú para pobres.
Con toda
seguridad el mensaje de JAK estuvo compuesto por buenas ideas y mejores
intenciones, las que nadie conocerá jamás producto de las más de dos horas de
un latero discurso que a nadie debe interesar. Sugiero comunicarse con el personal
de manera más directa, precisa y contundente, siempre respetando la verdad, la
buena fe y el sentido del humor. Es eso o terminar como carne para memes. Digo
yo nomás…
