domingo, 7 de junio de 2026

CRISTALITOS ECOLÓGICOS

La economía de Barbarilandia no pasa por su mejor momento (por decirlo suave). Nada extraño si consideramos la gentuza que ha estado a cargo del país en las últimas décadas, especialmente durante los últimos doce años, y de la gentuza que les entregó en el poder en sucesivas fiestas de la democracia.

 

Décadas de discurso anti ricos, anti mercado, anti modernizaciones del Gobierno Militar, anti sentido común y anti cualquier cosa decente que nos podamos imaginar, no son inocuas. Igual pascual respecto del desquiciado discurso pro vagancia, pro robos, pro destrucción de todo lo destruible, pro igualdad versión enloquecida, pro locuras woke y pro regalar lo ajeno mediante sucesivas de abusivas alzas de impuestos que la muchedumbre festeja con un autodestructivo resentimiento como victoria personal.

 

Ni hablar de la llamada permisología, maraña estatal tan admirada por la muchedumbre encolerizada que pretende quitar poder a los ricos para entregárselo a los burócratas que se enriquecen mientras el populacho bárbaro que los elige se empobrece producto de las desquiciadas medidas que apoyan con el desbocado entusiasmo que siempre caracteriza a imbéciles, envidiosos e ignorantes.  

 

El empobrecimiento generalizado de la muchedumbre nacional no solo proviene de la pérdida de poder adquisitivo de las monedes de todos los países producto del aumento del endeudamiento de los estados (incluido Dólar y Euro). A esta inevitable situación los chilenos han decidido agregar la destrucción en particular del país que habitan.

 

La pérdida de puestos de trabajo, el aumento del valor de los activos reales como las viviendas que ya no pueden comprar (en realidad no aumenta el valor de los activos reales, sino que disminuye el poder adquisitivo de las personas), y demás muestras de empobrecimiento, no se solucionarán por obra y magia del actual gobierno, que no puede ir más allá de hacer lo mejor dentro de lo posible, y menos aún se podrá hacer lo imposible (¿que contradicción, verdad) en unos pocos meses o años.

 

En chileno medio es y continuará siendo más pobre que antes de la debacle propiciada por ellos mismos durante años y tal vez décadas. Quizá nunca más recobren el nivel de vida que perdieron intentando robarle a los demás, porque hay daños reputacional permanentes que solo logran que “los demás” no vuelvan a confiar en el país como confiaron antes de que esta horda de atorrantes apoyara con entusiasmo la destrucción del lugar donde viven.

 

Pero a no desfallecer, miren el futuro con optimismo, jiles. No tendrán vivienda propia, pero podrán hacer “coliving”, o arrendar una vivienda de 2x3 a una compañía “multifamily” de accionistas millonarios; no podrán adquirir un vehículo propio, pero podrán utilizar los patinetes eléctricos que proporcionan los municipios o hacer “carpooling” con los machucaos del vecindario; no podrán adquirir una oficina, pero da igual muchachos, para eso está el “coworking”; no podrán tener hijos, pero si adoptar un gato callejero, y así, como buen ciudadano de una república en decadencia (por su culpa, claro), podrán hacer en ingles lo que antes de la obra modernizadora del Gobierno Militar hicieron en castellano sus padres y abuelos, ser pobres sin que se note demasiado.  

 

 

 

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