La economía de
Barbarilandia no pasa por su mejor momento (por decirlo suave). Nada extraño si
consideramos la gentuza que ha estado a cargo del país en las últimas décadas,
especialmente durante los últimos doce años, y de la gentuza que les entregó en
el poder en sucesivas fiestas de la democracia.
Décadas de
discurso anti ricos, anti mercado, anti modernizaciones del Gobierno Militar,
anti sentido común y anti cualquier cosa decente que nos podamos imaginar, no
son inocuas. Igual pascual respecto del desquiciado discurso pro vagancia, pro
robos, pro destrucción de todo lo destruible, pro igualdad versión enloquecida,
pro locuras woke y pro regalar lo ajeno mediante sucesivas de abusivas alzas de
impuestos que la muchedumbre festeja con un autodestructivo resentimiento como
victoria personal.
Ni hablar de
la llamada permisología, maraña estatal tan admirada por la muchedumbre
encolerizada que pretende quitar poder a los ricos para entregárselo a los burócratas
que se enriquecen mientras el populacho bárbaro que los elige se empobrece
producto de las desquiciadas medidas que apoyan con el desbocado entusiasmo que
siempre caracteriza a imbéciles, envidiosos e ignorantes.
El empobrecimiento
generalizado de la muchedumbre nacional no solo proviene de la pérdida de poder
adquisitivo de las monedes de todos los países producto del aumento del
endeudamiento de los estados (incluido Dólar y Euro). A esta inevitable situación
los chilenos han decidido agregar la destrucción en particular del país que
habitan.
La pérdida
de puestos de trabajo, el aumento del valor de los activos reales como las
viviendas que ya no pueden comprar (en realidad no aumenta el valor de los activos
reales, sino que disminuye el poder adquisitivo de las personas), y demás
muestras de empobrecimiento, no se solucionarán por obra y magia del actual
gobierno, que no puede ir más allá de hacer lo mejor dentro de lo posible, y
menos aún se podrá hacer lo imposible (¿que contradicción, verdad) en unos
pocos meses o años.
En chileno
medio es y continuará siendo más pobre que antes de la debacle propiciada por
ellos mismos durante años y tal vez décadas. Quizá nunca más recobren el nivel de
vida que perdieron intentando robarle a los demás, porque hay daños
reputacional permanentes que solo logran que “los demás” no vuelvan a confiar
en el país como confiaron antes de que esta horda de atorrantes apoyara con
entusiasmo la destrucción del lugar donde viven.
Pero a no
desfallecer, miren el futuro con optimismo, jiles. No tendrán vivienda propia,
pero podrán hacer “coliving”, o arrendar una vivienda de 2x3 a una compañía “multifamily”
de accionistas millonarios; no podrán adquirir un vehículo propio, pero podrán utilizar
los patinetes eléctricos que proporcionan los municipios o hacer “carpooling”
con los machucaos del vecindario; no podrán adquirir una oficina, pero da igual
muchachos, para eso está el “coworking”; no podrán tener hijos, pero si adoptar
un gato callejero, y así, como buen ciudadano de una república en decadencia
(por su culpa, claro), podrán hacer en ingles lo que antes de la obra modernizadora
del Gobierno Militar hicieron en castellano sus padres y abuelos, ser pobres
sin que se note demasiado.

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