Sebastián I “el turbio” ha desparecido. Nuestro ex
presidente nos tenía acostumbrados a sus performances mediáticas, hoy deambula entre
las sombras. Sebastián ya no come empanadas caldúas en alguna unidad vecinal;
no baila zumba junto a un grupo de pobladoras entraditas en carne disfrazado de
Tony Esbelt; no nos informa sobre cifras y números debidamente auditados y respaldados
por tres adjetivos. Sebastián anda fondeado.
Sebastián debe estar comiéndose las uñas, las pocas que le
van quedando, mientras prepara su inevitable desembarco en los canales de televisión
una vez que la tempestad haya pasado. Sebastián calcula y calcula, vive
calculando. Así es Sebastián, calculó que “ganamos” el 11 de septiembre, luego
calculó que debía desmarcarse del Gobierno Militar, luego calculó que la DC podía
ser su casa, lo que desechó al ver que estaría detrás de Aylwin, Valdés y Frei,
era mucho tiempo de espera.
Apoyó el NO y luego a Buchi, el candidato del SI. ¡Ay Sebastián!,
¿cómo puedes tener tanta cara?. Sebastián apoyó a Pinochet durante su estadía
en Londres, para luego mandatar a su perro fiel, el subsecretario Ubilla para
querellarse contra cualquier ex subordinado de Pinochet que viera por la calle.
¡Hay Sebastián!, que eres mala clase cabrito.
Sebastián está metido con boletas y facturas raras hasta el
cogote. Su ex subsecretario Wagner también, su ex empleado de Aguirre lo mismo,
y Conca igual. Como será de codicioso Sebastián que siendo propietario de más
de dos mil millones de dólares, se mete en líos por una lucas. Sebastián, eres
el colmo cabrito.
Sebastián va a aparecer en el momento oportuno, lo hará
comiendo empanadas y bailando zumba, como siempre, pero no aun, hoy es tiempo
de desaparecer, que otros paguen la cuenta, el solo está para los aplausos.






