Se fue Chahuán y llego Abbott. El nuevo Fiscal Nacional le quitó el caso SQM al orate de Gajardo y se lo entregó a un fiscal de Valparaíso, marido de una de las mascotas del
payaso ególatra. Todo esto es una especie de multi enroque. Acto seguido, apareció
el parásito de MEO, quien estuvo más de dos meses desaparecido esperando,
al parecer, esta movida estratégica. ¿Todo fríamente calculado?: Supongo que sí.
El parásito de MEO llegó a la fiscalía bien temprano, como si
hubiese madrugado para ir al trabajo, tal como lo hace su mujer, la que lo
mantiene. Llegó con su terno azul, como siempre. Sonriendo por sonreír, como
siempre. Pontificando, como siempre. Con su eterna postura de cínico, como
siempre. Y vendió la pomada china, como siempre. No sé si refirió a su padre,
el original, el que según él era re buena gente, pensaba en los pobre y no
mataba una mosca. Pura imaginación.
MEO es casi
el mismo de siempre. Antes de pelo negro, emulando a una joven promesa de la política
nacional que cambiaría el país para siempre. Desde hace unos meses apareció canoso,
tipo estadista, hombre de experiencia, sabiduría infinita. Pura imagen. En lo demás,
es el mismo de siempre, un vividor.
MEO dice,
como todos en Chile, que no sabía nada, que jamás ha recibido un peso mal
habido. Que jamás le pasó el platillo al “yerno del dictador”,
al mismo tiempo que se las daba del pobre huérfano.
Supongo que (según
él) no conoce a Wagner, y si lo conoce, no sabía lo que hacía. Wagner, al igual
que el resto de los paniaguados de los políticos, esos que con tal de ganarse
unos pesos, coquetear con el poder, escalar socialmente y trepar en la vida sin
detenerse, hacía lo que había que hacer, pero a espaldas de MEO. ¡JA!.
El que se lo
cree es huevón.






