Un
funcionario público dio a conocer una colusión pollos-supermercados justo a
tiempo, o casi a tiempo. Solo un par de días después de la formalización (¿así
se dice, verdad?) de la esposa del hijo de su jefa. El segundo piso, sus escribidores
de papers y sus feminazis, actúan casi al instante. La práctica hace al maestro.
Tal vez estén
pensando en anunciar alguna desgracia el día en que Colo Colo o La Chile ganen
la Libertadores, aunque eso ya se ve más difícil, podrán existir las
coincidencias, las casualidades y la corrupción, pero no los milagros.
¿Alguien sospechaba
que los supermercados estaban coludidos también? Que levante la mano el que no
lo sospechaba. ¿Usted no lo sospechaba? ¿En serio? Entonces usted es huevón (a). Se lo digo con todo respeto, claro.
Los que
aseguraban que el negocio de los pollos es competitivo, que cualquiera puede
importar o producir pollos, y que acordar precios y cuotas de mercado es un
acto de bondad, se les olvidó algo. Y no hay excusa para que se
les olvide ese algo, ya que este humilde servidor se los explicó veinte veces. El detalle es el siguiente: ¿Dónde va a vender
los pollos?.
Si usted va
al Líder, al Jumbo o al Unimarc a ofrecer pollos, el gerente (hoy todo el mundo
es gerente, basta con imprimir una tarjeta de visita que lo compruebe) ni
siquiera lo va a recibir. O le va a pedir una serie de requisitos que no podrá
cumplir, y si los cumple, le pedirá otros que no pueda cumplir.
Se llama “modelo
heredado de la Concertación”, y es el que reemplazó al “modelo heredado de la Dictadura”. Explicado en fácil,
consiste en entregarle a todo el mundo la cantidad de tarjetas de crédito comerciales
que quiera, independientemente de que pueda o no pagar las deudas (el que paga,
paga por el que no paga).
Consiste además,
en dejar que las empresas oligopólicas hagan lo que les dé la gana, así ganan
mucho dinero, pagan muchos impuestos, y con estos, los políticos pueden regalar
y robar a manos llenas (es por la igualdad, claro).
Así, todo el
mundo compra todo o casi todo lo que quiere. El que paga, bien, y el que no, da
lo mismo. Todos felices y todos contentos.
Todas las
autoridades y todos los empresarios conocían el sistema, ellos lo diseñaron, lo
implementaron y lucraron con él. Hoy todo el mundo se enteró por la prensa y
culpan al ex “ejecutivo top” de la empresa (el escalador social sin ética ni
moral con título de “gerente” que quiso “ganarle a la vida”), hoy devenido en
un chivo expiatorio.
Y si no me
creen, pues no me crean.






