¿Cuántas
veces hemos tratado el tema de la relación ente políticos y las empresas
españolas dedicadas a la construcción de obras públicas?. Muchas. Y todo lo que
se ha dicho es cierto. Arreglos, sobreprecios, relaciones incestuosas entre políticos
y directorios y todo lo que ya sabemos. Un asco.
Ahora
sabemos que el cuñado de Ricardo I “el amado por los empresarios” dirige ni más
ni menos, que a OHL Chile. Lean la preciosura: http://ellibero.cl/actualidad/ex-subsecretario-denuncia-que-sobreprecios-adjudicados-por-el-minsal-a-constructora-que-dirige-roberto-duran-suman-us180-millones/
Todo esto es
basura. Una asquerosidad. Un robo colosal. Es la degeneración más grande. Son
arreglos por cientos de millones de dólares, y si sumáramos todas las movidas
estratégicas de la crápula desde que “recobramos la democracia”, con seguridad
son miles y miles de millones de dólares en robos. Cifras que escapan a la
imaginación de cualquiera.
Esto es el
estado, un grupo de mafiosos acomodados en el poder que estrujan a las
personas. Tienen el poder de las armas, de la in-justicia, hacen las leyes y no
las cumplen. Es la pandilla que asola el barrio cobrando protección. Al Capone
terminó en la cárcel por no pertenecer a un partido político. Digamos que el
hombre se dedicaba al mismo negocio, solo que como “independiente”.
Todo el
mundo quiere llegar al estado porque el botín es infinito. Como presidente,
ministro, core, diputado, senador, subsecretario, concejal, jefe de gabinete,
dirigente sindical, secretaria, portero o ascensorista. A todos les toca un
raspado, un bono por término de conflicto, una movida, una evacuación de
informe o una redacción de paper. A nadie le falta Dios (o estado, si
prefieren). Los perros flacos obtienen una pega inamovible y un “jubilazo”, y
los gordos una tajada de la construcción de un hospital.
Esta gente
merece un pelotón de fusilamiento.






