Cada día me encanta más el “caso Garay”. El pelao chamullento tenía una
polola chilena, una rusa y una rumana, y todo financiado con el dinero de los
ahorrantes en su empresa financiera de fantasía. Además, era asiduo visitante
de un conocido prostíbulo capitalino. Jajajajajajaja.
La cuenta corriente desde donde obtendría el dinero para entregar el último
peso sustraído a sus clientes, no existe en el HSBC. En la clínica parisina
donde intentaban curarlo del cáncer fulminante que lo aquejaba, ni lo conocen. El
economista no era economista. El empresario no era empresario. Todo el mundo lo
conocía y a la vez nadie lo conocía ¡Genial!.
Garay era amigo de Felices y Forrados; de MEO; de actores y periodistas
famosos; de sus amigos y de los amigos de sus amigos ¿Y nadie se dio cuenta de
que es un sinvergüenza? Jajajajajajaaja.
Ahora es tiempo de sicólogos, siquiatras, analista de la realidad y la irrealidad,
opinólogos de matinales y directores de cine tratando de crear un guion con la
historio del “economista del pueblo”. Es tan “creíble” el personaje inventado
por Rafael Garay, que vendía, vende y venderá.
Antes de Garay existieron otros y después de él vendrán otros más. Así como
apareció la estrella fulgurante de Bachelet, cayó en desgracia, y parece será
remplazada por Guillé en un dos por tres.
La mejor historia contada por Garay es aquella en que nos trata de
convencer que su cáncer terminal lo contrajo en la planta nuclear de Fukushima,
el dia del terremoto, intentando salvar a un amigo desde las garras de la
radioactividad. El que se cree esta se las cree todas.
Señoras y señores, respetable público, el show debe continuar.

