Imaginemos
por un momento que la tendencia que marcan las encuestas de las últimas semanas
sea verdadera, y que nos anuncian que mientras JAK cae persistentemente, Matthei
sube. Supongamos que es Matthei quien pasa a segunda vuelta junto a Jara.
Si esto sucediera,
y no es imposible que así sea, obtendríamos dos conclusiones. Que la
candidatura de Kaiser dio el triunfo a Matthei, y que esta gente muy probablemente
votará nulo o blanco en segunda vuelta para no favorecer a “chileguano”, como
gustan denominar a CHV.
La realidad
es que no votarán blanco o nulo, todo lo contrario, le habrán dado el triunfo a
Matthei, por más que lo nieguen inventando absurdas y rocambolescas tesis hermogenianas.
Esto es
posible cuando grupos de gentes se creen superiores moralmente, se fanatizan,
tiene una clara tendencia guerra civilista y no aceptan las evidentes diferencias
entre personas que necesariamente se subsanan en la medida de lo posible mediante
acuerdos racionales, como se pretendió hacer con el gran acuerdo de la constitución
de JAK que boicotearon las extremas derecha e izquierda.
Para eso es
la democracia, por mas que les pese. La alternativa a esta manera de
organizarnos es lo que realmente buscan y jamás reconocerán, un enfrentamiento
final entre ellos (los buenos) y todo el resto de la gente (los malos), en el
que estos dementes suponen ilusamente obtendrán un épico triunfo sin parangón.
Están locos.
La última prueba
de lo que digo es Argentina, donde eligen a un desquiciado, que además es ladrón,
que además es corrupto, que además es amoral, que además es intransigente, que además
llevará a su país a la debacle con tal de no ceder en sus posturas, y que además
es un genocida porque apoya un genocidio.
A este
desquiciado lo apoyaba sin disimulo la extrema derecha chilena, se supone que
Kaiser era el Milei chileno, su hermanito lo vendía como el salvador de la
doctrina, y el mismo Kaiser proponía a Daza, uno de los miembros del equipo económico
de Milei que desarrolló, implementó, y llevará hasta las últimas consecuencias
su disparatado proyecto económico que solo se ha mantenido en pie a gracias al
FMI y USA, que lo financian por razones geopolíticas para evitar que sea China
quien tome el control de Argentina.
Hoy nadie
habla de Milei. La extrema derecha chilena se olvida de él a medida que su gobierno
se desmorona a la espera de la crisis económica final que, como ya sabíamos,
dejará por el suelo las verdaderas ideas de la libertad, las que evidentemente no
son lo mismo que las locuras que este desquiciado promueve.
El peor problema
de Chile no es la extrema izquierda, que ya sabemos lo que pretende, es la
extrema derecha que no permitirá jamás un gobierno de derecha normal, y los necesarios
acuerdos con la centroizquierda, que nos entreguen progreso, estabilidad y una
convivencia lo más sana posible entre personas que legítimamente tiene ideas
distintas.