JAK puso el
dedo en la llaga y se armó la de San Quintín. Miles de libros bien empastados
cuya única finalidad es solucionar problemas alimenticios de expertos y
sabiondos de tercera categoría, y, por supuesto -no faltaba más- financiados
por los contribuyentes, se acumulan en bodegas de universidades ¿Cuál es la
mentira?
Sabemos cómo
funciona el autodenominado “mundo de la cultura”, el “mundo de las artes”, el
“mundo de las ciencias” el mundo del buenismo organizado mediante fundaciones
caritativas sin fines de lucro, aunque siempre con fines de saqueo, y todos
aquellos mundillos compuestos por gañanes, charlatanes, ganapanes del estado y
seguidores de tendencias globalistas cual de todas más aberrantes.
Entre ellos
se citan, se organizan en colectivos, universidades, centros de supuestos
estudios y demás antros del supuesto saber. Repiten como guacamayos las mismas
consignas, sirven a los mismos amos, siempre dispuestos a seguir la más
aberrante, disparatada y desquiciada nueva tendencia de turno que luego
“investigan” a punta de palabras difíciles, y a costa de quienes trabajamos y
pagamos impuestos.
Todos se
prodigan en sus escandalosos e ininteligibles discursos utilizando los mismos
términos y tópicos de moda, todos abogaban por las mismas causas de interés
para quienes distribuyen el dinero de los demás. Todos ellos, al repetir
machaconamente las mismas leseras archisabidas, creen (si es que creen) estar
formulando pensamientos originales, valiosos y revolucionarios; todos ellos,
defendiendo causas globalistas, aberrantes, desquiciadas y banales.
Los compañeros de la prensa seria y los señores políticos presentan a esta horda de vividores y charlatanes como “intelectuales”, condición que ellos se esmeran en demostrar hablando en difícil puras cabezas de pescado. Los más vivitos saben que estafan a la gente, los más menesterosos se creen las mismas payasadas que proclaman como verdades.
Así, estos
expertos, investigadores e intelectuales de pacotilla, no hacen más que
difundir -firma de por medio-, las consignas y locuras del régimen que los
financia para tales efectos. Es una estafa repleta de eufemismos, sofismos y
frases para la galucha; bazofia que no les provoca remordimiento alguno. Le han
vendido su conciencia al benefactor, transformando las universidades desde
supuestos templos del saber a fábricas de falsedades y ridiculeces que luego de
cobrar suculentos premios por la colaboración empastan en libros que nadie lee
¡Y peor aún si alguien los lee!

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