Puta que
huevearon con el eclipse. Vi a la horda cantando emocionados la canción nacional
mientras lo miraban, y le pedía a mi hija que cambiara la tele, no lo pude
resistir. De solo pensar que estas personas votan me da miedo. Es tenebroso. Piñera
dijo que luego del eclipse viene no sé qué cosa, algo así como los tiempos
mejores, parafraseando eso de que luego de la tempestad viene la calma, creo.
Pura chacota.
Los canales
de televisión nos amenazaron con una trasmisión permanente desde las seis de la
mañana y por lo que me contaron cumplieron la amenaza, ya que yo no veo tele. Es
demasiado complicado vivir en estos convulsionados e irracionales tiempos
modernos, como para más encima auto inmolarme con Matamala, los matinales y los
llorones de sonrisa fácil.
Siguiendo
con lo que dijo Piñera, esta sensación de desconfianza en el futuro que permea
a toda la gente medianamente racional que va quedando en Barbarilandia, tiene
fundamento. No tiene nada que ver la supuesta guerra comercial, el cambio climático,
un par de décimas menos de crecimiento o cualquier detalle menor. No es eso.
El problema
consiste en que vemos que Chile se abalanza voluntariamente por el camino equivocado
y nadie hace nada por evitarlo. Todos se suman al carro de la victoria que nos
lleva a la derrota. Más impuestos, más burocracia, más legado y menos modelo.
Fanáticos,
comunistas, buenistas, semi analfabetos, personajes que jamás han trabajado en
su vida, periodistas, sociólogos, cientistas políticos, opinólogos de la vida, escribidores
de papers, inventores de la rueda y declaradores de intenciones, entre otros
personajes inútiles, se han tomado los gobiernos, los medios y el discurso políticamente
correcto. Y la gente los sigue, como las ratas siguieron al flautista de
Hamelin hasta caer al rio.
Tenemos una
juventud perdida que compró todo el discurso de la izquierda. Quieren una
especie de revolución con Iphone y Starbucks. Quieren igualdad y a la vez “triunfar
en la vida”. Son sociales con dinero ajeno. Son animalistas que comen asados. “Transversales”
que solo aspiran a vivir en Las Condes. Hacen apología de los haitianos, aunque
solo se acercan a ellos para comprar un Súper 8. Quieren “puertas abiertas”
para dárselas de buena gente y conseguir una empleada barata que friegue y lave
por ellos, los grandes señores que fueron a la universidad y viajan para
blanquear su origen.
Creo que
estamos ante una generación nefasta que recibió del esfuerzo de sus padres más
de lo que merecían. Todos quieren ser señoritos, gerentes, se las dan de
cosmopolitas y se declaran sujetos de derechos. No conocieron los tiempos
malos, ni saben del esfuerzo y sacrificios que hicieron los mayores por
enderezar el país. Creo que en gran medida valen callampa.