Mi pregunta
es: ¿Esto nos conviene? Y al decir “nos”, me refiero a la derecha en su
conjunto y al país, no al energúmeno y su tropa de desquiciados que le hablan a
su barra brava para mantener un mugroso 5% de votación y así continuar viviendo
del cuento.
Con toda seguridad
los simpatizantes de Espumita me dirán que existe la libertad de expresión, lo
que es cierto. Yo les respondo que efectivamente existe la libertad de expresión,
y que dicha libertad, como todas las demás, se debe ejercer con discernimiento,
más aún si quien la emite pretende representar a terceros ¿Se imaginan la libertad
sin discernimiento? Sería libertinaje y caos permanente.
También me preguntarán
si yo opino lo mismo que Espumita, es decir, que ante idénticas condiciones (las
de 1973) debiéramos esperar idénticas soluciones. Yo les diría que, en lugar de
elucubrar escenarios absurdos, debieran dedicarse a cosas de mayor utilidad. Y que,
si eventualmente algo así sucediera, debiéramos analizarlo en el momento
adecuado, en lugar de entregarle comidita en la boquita al periodista que le tira
el anzuelo al candidato, y que este se traga como el imbécil que es.
Sí, ya lo sé,
también me advertirán que los comunistas son peores, y que sin duda harían lo
mismo o algo peor, como el golpe de estado al payaso ¡Ah!, y me recordarán los
100 millones de muertos. Pues bien, a esas alturas del debate ya no sabría que contestarles
¿Ustedes creen que ese argumento es útil en una campaña presidencial? Recuerden
que en Barbarilandia votan millones de ignorantes, subnormales, oportunistas y
roedores miserables que esperan un bono, no una charla sobre las maldades del compañero
Lenin en 1917.
Ahora permítanme
preguntarles esto: ¿Era necesario que Espumita dijera lo que dijo? ¿Cuántos votos
nos suma o nos resta Espumita? ¿Qué pasa si efectivamente declaran al energúmeno
y su tropa de salvajes fuera de la ley? Esto sería la delicia de la izquierda,
y el bueno de JAK tendría que explicar hasta el último día de su vida la razón por
la que pacta con golpistas, criminales, atentadores contra los derechos humanos,
o el calificativo que al compañero de la prensa seria se le ocurra utilizar.
La política
debe ser ejercida con prudencia por profesionales de esta, no por un YouTuber que espeta sin más
lo que se le va ocurriendo, solo porque él supone que lo que dice es importante,
oportuno, conveniente o, simplemente (como yo creo) utiliza la entrevista para
hablarle a sus seguidores y obtener votos a costa de los demás.
Espumita
utiliza torticeramente dos conceptos, uno es “la palabra empeñada”, con lo que
justifican hacer lo más estúpido, lo más inconveniente, lo mas aberrante, solo porque
en algún momento (según él) dio su palabra y ahora debe cumplirla. Se escuda en
esa supuesta promesa. La otra es la libertad: El loquito es libre para cometer
sus locuras.
Y así va por
la vida este fulano… Como es libre y como se comprometió o juramentó a hacer la
imbecilidad más grande, va y la hace. Simple (para él, claro).






