¿Recuerdan el salvataje de Longueira a Lagos y su sistema de
pagos en sobres?. ¿Y a Lavín declarándose bacheletista-aliancista?. Pues bien, de
nada les sirvió. Hoy, Francisco Vidal recomendó al gobierno: “No hay que
dejarle pasar una a la UDI” y, por supuesto, relaciona al partido con O’
Reilly, Karadima, los milicos y el grupo Penta; algo sin sentido. Siguiendo la
misma línea de Vidal, podríamos asociar a la izquierda con Castro, Chávez, el
cura Precht (también aficionado a “la cochiná”) y a los cientos o miles de
millones de dólar que han robado a punta de asesorías truchas, algo con mucho más
sentido. Y Vidal continúa con la frase: “hay que darle duro al adversario”. Me
imagino que piensa en algo así como patearlo en el suelo.
Bueno, esto se puede esperar de personas como Vidal, energúmenos
alimentados por pijecitos culposos como Lavín, Longueira y el resto de las “almas
sociales” de la UDI. Todos estos ex cabritos a quienes los curitas les metieron
en el mate que “son unos privilegiados” y por lo tanto deben dormir durante una
temporada en alguna población y desayunar “pan con chancho”, para así lavar sus
culpas (la de ser unos privilegiados) y ganarse el cielo, pasaron de “dar hasta
que duela” como decía Alberto Hurtado, a “recibir hasta que les duela”, como
propone ahora Francisco Vidal.
Pienso que el “caso penta” puede concluir en una catástrofe,
con varios senadores UDI desaforados y, por lo tanto con una izquierda con una mayoría
parlamentaria súper absoluta que les permitirá cambiar hasta la ley de
gravedad. ¿Una asamblea constituyente sin la mitad de los senadores UDI?: Puede
ser.
Mientras, las reformas conducentes a crear “el Chile que
todos queremos” siguen adelante, aunque con matices que durarán hasta que las
encuestas digan otra cosa. Hoy queda claro que el populacho bárbaro no quiere
ni capitalismo ni socialismo (ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario, decía
el maestro Cantinflas), lo que desean los barbaritos es una especie de
capitalismo público, gratuito, de calidad y sin fines de lucro ajeno financiado
“por otro”; lo que podríamos definir como un sistema social basado en la expropiación
de los bienes ajenos que se utilizarán para solucionar problemas incomodos como
la educación, salud, vivienda y pensiones, para así poder dedicarse a la vida
loca, una especie de paraíso terrenal en el Plaza Vespucio, tierra prometida
donde manará la leche y la miel, además de plasmas, teléfonos inteligentes y viajes
a Cancún con copete incluido….Y para eso necesitamos una nueva constitución que
diga: ”lo que es de otro, que ahora sea mío”.






