Alcaldes se suman
a la fiesta, piden al gobierno que suelte a los milicos. Lo piden por tres
motivos: UNO: El pueblo lo pide, o al menos se supone que lo piden, DOS: Se
acercan elecciones municipales y, TRES: Saben que eso nunca va a suceder.
El Merluzo
responde al hoy alcalde de Maipú, y precandidato presidencial de su sector
(¿ven que todo calza, muchachines?), Tomás Vodanovic (RD): “No me cierro en
ningún caso a disponer de esas herramientas, por ejemplo, mediante la Ley de
Infraestructura Crítica. Es algo que tiene que ser discutido en el Congreso”.
Es decir, no se cierra a algo que otros deben discutir y que nadie quiere
implementar.
En
Barbarilandia funcionamos de esta manera: “Yo te llamo”; “déjame verlo”; “te confirmo
en la semana”; “estamos en eso”; dame un tiempo”; “déjame pensarlo”, y un largo
etcétera de evasivas que sabemos son un NO sin decir NO, y que al abrigar
esperanzas se transforman en algo aún peor que un NO.
En Chile
nadie se cierra a que otros hagan algo, a que otros paguen y continúen pagando sus
cuentas, a que otros de la cara, a que otros sufra las consecuencias de sus
catos y a que alguien solucione “su” problema.
Los milicos
no saldrán a ninguna calle; ningún político dará esa orden; ninguna oposición perdonará
esa orden y sus consecuencias; los abogados de derechos humanos están al
aguaite del gran negocio que esa decisión les acarrearía; los compañeros de la
prensa seria y sus auspiciadores se sobarían las manos; los milicos no quieren
ser carne de cañón y, en el fondo, a nadie le interesa qué sucede en las
calles, salvo que suceda en “su” calle, o que sirva para “su” negocio.
El show del Cosena ya lo comentamos, y las indicaciones del gobierno a la ley de RUF también.
Pero claro,
se acercan las elecciones, y la gallá, se supone, lo pide a gritos, aunque en
realidad yo jamás he visto a alguien pedirlo y menos aún gritarlo, si eso
significa asumir lo que pide o lo que grita.







