No puedo evitar
el regreso al mar que tranquilo nos baña y sus peces sintientes. Resulta que no
solo son sintientes, ahora me entero de que rebosan habilidades insospechadas; juegan
al futbol en el fondo del mar, hacen trucos como el Mago Larraín y utilizan
herramientas, tal como don Clorofilo, el gasfíter de la familia. Se comenta
sobre la existencia de un Merluzo que le hace empeño como wing izquierdo. El
mundo comienza a conocer que existe un país llamado Chile. Hemos logrado la
fama. https://www.youtube.com/watch?v=B1bz3ieFdDk
Mi equipo:
Al arco el pulpo, las saca todas; lo quiero ver en un penal frete a la cojinova
rival: Línea de 4: Laterales, dos cangrejos con así las medias tenazas cerrando
las bandas; por ahí no pasará ni la albacora del equipo contrario. Centrales:
Dos congrios colorados, esbeltos, ágiles y de buen juego aéreo. De 6 una
centolla que marque y distribuya el juego con prudencia y claridad en la salida.
Por los costados dos jureles que suban y bajen hasta desfallecer. De 10 una reineta,
ya saben, por eso de rey-Pelé, el 10; rei-neta, ¿se entiende? (chiste solo para
eximios peloteros). Arriba dos rapidísimos atunes de cola amarilla ¿Imaginan un
pase en profundidad de la reineta, y los atunes superando la marca de las corvinas
rivales? Nadie los podría detener.
Esta gentuza
nació con problemas, tal vez su madre le ponía de la wena a diario durante el embarazo, o sufrieron
hipoxia neonatal; o quizá quedaron demasiado tiempo a cargo de profesores de
colegios de curas rojos y el resultado era de esperar…, o vaya a saber usted
que cosa puedo sucederles durante el transcurso de sus vidas. Tengo la impresión
de que la madre ebria los dejaba bajo la custodia de maratones de Bob Esponja,
y de ahí nace su fijación por seres marinos que hablan sin que les entre agua a
la garganta.
En aquellos
buenos tiempos en que occidente aun no comenzaba su deriva enloquecida y
enloquecedora, y hordas de niños normales no eran sometidos a lavados
cerebrales y martirizados a diario en colegios con jornada escolar completa; la
calle era nuestra vida.
Ahí aprendimos
a jugar al futbol, pero con los pies en la tierra; a la payaya; a lanzar piedras con honda; a tirar escupo a un
tarro de leche Nido con carburo para que explotara; a curar hilo de volantín
con vidrio de ampolletas quemadas; jugábamos a las bolitas; nos agarrábamos a
peñascazos y llegábamos a la casa sangrando; instalábamos en la cuneta un casino
clandestino donde apostábamos láminas de álbumes al cachipún; ingresábamos ilícitamente
a las casas vecinas a robar fruta y recuperar nuestra única pelota de futbol; armábamos
peleas contra los fulanos del barrio de abajo; cazábamos ranas en el estanque
del cerro; alimentábamos con nuestro pan con mantequilla a los amigos perros
callejeros; ingresábamos al estadio sin pagar; nos colábamos a hediondos y miserables
cines de barrio coimeando al portero; causábamos amagos de incendio con los
petardos, viejas y cohetes chinos que lanzábamos durante el año nuevo; los
cabros chicos eran nuestros esclavos, y nosotros los esclavos de los mayores,
como ha sido durante toda la historia de la humanidad hasta que las
universidades masificaron el ingreso a todo tipo de sub normales, psicópatas, sinvergüenzas
y atorrantes dedicados a escribir cosas como que los peces juegan al futbol y
resuelven raíces cuadradas. Es decir, vivíamos en un mundo normal.
¡Qué tiempos
aquellos! en que los colegios y las universidades no interferían en nuestra educación.
Es cierto
que en la televisión aparecían Los Picapiedra, la familia de cavernícolas; y
Yogui y Bubu robando alimentos a los visitantes del parque mientras soñaban con
viajar a la ciudad; reconozco que Mandíbula era un tiburón que hablaba y
seguramente jugaba al beisbol, y que el perro Patán conducía un avión intentando
cazar al pichón. Todos sabíamos que eran historietas y que quienes intentaran
volar como Supermán se sacarían la chucha por huevones. Todo era normal en aquella
época.
Contábamos chistes
de chinos, de negros, de maricas, de viejas feas, de guatones y flacos, de
indios, de enanos, el típico de donde aparecía un argentino, un peruano y un chileno,
sin temor a ser acusados de xenófobos; y
de todo lo que pudiera servir para pasar un buen rato. Eran bromas y no pasaba
nada. Todos lo sabíamos. Eran tiempos felices y normales.
Eran aquellos buenos
tiempos en que los peces aun no aprendían a jugar al futbol ni a rellenar un zudoku,
la gente no se auto percibía; nadie pensaba en viajar al sudeste asiático antes
de encontrar trabajo ni de comprarsu casa; ni siquiera suponíamos que era
posible acumular doce pelotas de futbol en cada casa si solo teníamos una para
toda la pandilla de malhechores y descarriados. Éramos sensatos, felices, vivíamos
sin complicaciones y todo era normal. Mi papá era mi papá y mi mamá era mi
mamá, mi abuela nos retaba y la vecina podía interrumpir la pelea a combos dándonos
un charchazo a cada uno sin temor a ser encerrada en prisión por actuar de
referí. En aquellos buenos tiempos el que no hacia las tareas se llevaba un correazo,
y sin chistar, por golfo ¡Qué tiempos aquellos!, en que todo era más simple, más
razonable y mas humano.
Fue hace ya muchos
años, antes de que las machas recitaran a Gabriela Mistral y los cangrejos intentaran
auto percibirse como gatos callejeros.