Parte de la
clase media aspiracional, esa gentecilla que azotaba ollas en apoyo a lo que veían
por televisión el 18 de octubre; esa gentecilla que deambulaba por Plaza Ñuñoa,
Maipú y otra comunas de clase supuesta media en plan de buenista buena onda,
algunos con cabros chicos al hombro, otros con copete, otros fumando marihuana
y, algunos con todo lo anterior a cuestas, comienzan a sacar cuentas. Los
scooter eléctricos, los pantalones pitillo, los zapatos puntudos, los sombreros
ridículos y los cafés del Starbucks cada día cuestan más y el futuro no se ve
muy claro.
Cambiarse de
pega hoy en día puede ser una odisea, y los empleadores confirmaron que el
vecino puede ser el enemigo. Ojo piojo… Las tasas de crédito hipotecario
comenzaron a subir, comprar hoy el chalet aspiracional en un barrio
aspiracional es más caro que el 17 de octubre, el día anterior a los azotes de
ollas en el balcón. No es gratis ser un buenista buena onda. No es gratis ser “social”.
Los
buenistas buena onda y los sociales se acostumbraron a ofrecer caridad con
plata ajena, hoy deben pagar parte de la cuenta, y eso duele. Me parece justo. Si
el dólar continúa al alza luego de esta pequeña baja de precio, no sé cómo van
a cambiar su 4x2 por el 4x4. Y ni hablar de las vacaciones 2020 pagaderas hasta
el 2023, esas se ven lejanas. Me parece justo, no solo los comerciantes
saqueados gracias al apoyo prestado a la horda desde un balcón bien resguardado
deben pagar los “cambios sociales”.
Ya sabemos
que los jefes de la horda detuvieron por el momento el golpe de estado, eso no
quiere decir que no volverán a soltar a los perros si fuese necesario. Si esto
sucede, veremos si la clase media aspiracional que pretende agarrar parte del botín
con mano mora continúa apoyando la salvajada nacional. Los más listos habrán
aprendido la lección, otros continuarán en lo mismo, salieron de la población
pero continúan pensando de la misma manera. Aunque la mona se vista de seda…






